La teoría de la personalidad de Allport explica la personalidad mediante rasgos y disposiciones personales que se organizan de forma única en cada individuo. Gordon Allport distinguió entre rasgos cardinales, centrales y secundarios y defendió que comprender a una persona exige estudiar no solo lo que comparte con otras personas, sino también aquello que la hace psicológicamente singular.
Allport consideraba la personalidad como una organización dinámica que integra aspectos psicológicos y biológicos. Su teoría concede especial importancia a la individualidad, la motivación actual, el proprium y el desarrollo de una personalidad madura, por lo que no puede reducirse simplemente a una lista de rasgos.

¿Quién fue Gordon Allport?
Gordon Willard Allport fue un psicólogo estadounidense nacido en 1897 y una de las figuras más influyentes en el desarrollo de la psicología de la personalidad durante el siglo XX.
Su trabajo contribuyó a establecer el estudio científico de la personalidad como un área propia de la psicología. Frente a enfoques que intentaban explicar la conducta principalmente mediante conflictos inconscientes, condicionamiento o categorías generales, Allport puso un fuerte énfasis en la persona concreta y en su organización individual de rasgos, motivos y valores.
Entre sus obras más importantes se encuentran Personality: A Psychological Interpretation, publicada en 1937, y Pattern and Growth in Personality, publicada en 1961.
¿Qué propone la teoría de Allport?
La teoría de Allport sostiene que la personalidad está formada por una organización dinámica de características relativamente estables que influyen en la manera característica en que una persona piensa, siente y actúa.
Los rasgos son importantes porque permiten explicar cierta continuidad del comportamiento. Sin embargo, Allport no consideraba que una persona fuera simplemente la suma de varios rasgos aislados.
Lo importante es cómo esos rasgos se organizan dentro del individuo. Dos personas pueden compartir determinados rasgos y, aun así, poseer personalidades muy distintas porque esos rasgos ocupan posiciones diferentes dentro de su estructura personal y se combinan con motivaciones, valores y experiencias distintas.
La importancia de la individualidad
Uno de los principios más característicos de Allport es su insistencia en la singularidad de cada persona.
La psicología puede estudiar características que muchas personas tienen en común, pero para comprender profundamente a un individuo también es necesario analizar la forma particular en que sus características se organizan.
Por este motivo, Allport concedió gran importancia al enfoque idiográfico, centrado en comprender a la persona individual, además de los enfoques nomotéticos que buscan leyes y dimensiones generales aplicables a muchas personas.
Rasgos comunes y disposiciones personales
Allport distinguió entre rasgos comunes y disposiciones personales.
Rasgos comunes
Los rasgos comunes son características que pueden utilizarse para comparar a diferentes personas dentro de una determinada población o cultura.
Por ejemplo, características como sociabilidad, responsabilidad o dominancia pueden encontrarse en diferentes grados en muchas personas y permiten realizar comparaciones entre individuos.
Disposiciones personales
Las disposiciones personales representan la forma particular en que determinadas tendencias están organizadas dentro de una persona concreta.
Este concepto refleja mejor el interés de Allport por la individualidad. Una disposición no es únicamente una puntuación que permite comparar a una persona con otras, sino una característica que adquiere un significado específico dentro de su personalidad.
Los tres tipos de rasgos de Allport
Allport describió diferentes grados de importancia de las disposiciones personales. Tradicionalmente se distinguen rasgos cardinales, centrales y secundarios.
Es importante aclarar que estos tres conceptos no son tres tipos de personalidad. Son formas de clasificar rasgos o disposiciones según el papel que desempeñan dentro de la personalidad de un individuo.
Rasgos cardinales
Un rasgo cardinal es una disposición tan dominante que puede influir en una gran parte de la conducta y de la identidad de una persona.
No todas las personas poseen un rasgo cardinal claramente identificable. Allport reservaba esta idea para casos en los que una determinada orientación llega a organizar una parte extraordinariamente amplia de la vida.
Por ejemplo, una dedicación extremadamente intensa al poder, al altruismo, al conocimiento o a una causa podría llegar a adquirir un carácter cardinal si domina gran parte de la existencia de una persona.
Rasgos centrales
Los rasgos centrales son características importantes que describen de manera general la personalidad de una persona, aunque ninguna de ellas domine necesariamente toda su vida.
Si se pidiera describir a alguien mediante unas pocas características importantes —por ejemplo, responsable, cordial, perseverante, reservado o curioso—, probablemente estaríamos utilizando rasgos centrales.
Para Allport, un número relativamente reducido de disposiciones centrales puede aportar una descripción significativa de la organización habitual de una personalidad.
Rasgos secundarios
Los rasgos secundarios son tendencias más específicas, menos generales o que aparecen solamente en determinadas circunstancias.
Pueden incluir preferencias, actitudes, intereses o reacciones que no resultan evidentes en todas las situaciones.
Por ejemplo, una persona normalmente tranquila puede mostrarse muy competitiva cuando practica determinado deporte. Esa tendencia específica no necesariamente define el conjunto de su personalidad.
¿Los rasgos determinan siempre la conducta?
No. Allport consideraba que los rasgos producen tendencias relativamente consistentes, pero esto no significa que una persona actúe exactamente igual en todas las situaciones.
El comportamiento concreto también depende de las circunstancias, de las metas actuales y de otros elementos de la personalidad.
Por ello, decir que una persona posee un determinado rasgo significa que existe una tendencia general, no que todas sus conductas puedan predecirse de forma absoluta.
El proprium: el sentido de uno mismo
Otro concepto importante de la teoría de Allport es el proprium.
Allport utilizó este término para referirse a los aspectos de la experiencia que una persona percibe como especialmente propios, centrales y relacionados con su sentido de identidad.
El proprium incluye diferentes aspectos del desarrollo del sentido de uno mismo, como la identidad, la autoestima, la imagen personal, la extensión del sentido del yo hacia personas y actividades importantes y la orientación hacia metas.
El concepto permite comprender por qué determinadas experiencias resultan especialmente significativas: no todas las actividades, relaciones o ideas ocupan el mismo lugar dentro de la identidad de una persona.
La autonomía funcional de los motivos
La autonomía funcional es una de las ideas más características de Allport sobre la motivación.
Según este principio, una conducta puede haber comenzado por un determinado motivo y, con el tiempo, mantenerse por razones diferentes e independientes de su origen inicial.
Por ejemplo, una persona puede comenzar a estudiar una actividad porque desea obtener aprobación familiar. Años después, podría continuar estudiándola simplemente porque la actividad se ha convertido en una fuente personal de satisfacción, interés e identidad.
El motivo actual ya no tiene por qué ser idéntico al que originó la conducta.
Esta idea permitió a Allport conceder mayor importancia a las motivaciones presentes del adulto y evitar explicar toda conducta actual únicamente mediante acontecimientos de la infancia.
Personalidad madura según Allport
Allport dedicó también parte de su trabajo a describir características de una personalidad psicológicamente madura.
No se trata de uno de varios “tipos de personalidad”, sino de un conjunto de criterios que Allport utilizó para describir un desarrollo adulto relativamente saludable.
Extensión del sentido de sí mismo
Una personalidad madura puede ampliar sus intereses más allá de las necesidades inmediatas e implicarse de forma significativa en actividades, proyectos, relaciones y objetivos.
Relaciones cálidas con otras personas
Allport destacó la capacidad para establecer vínculos afectivos, intimidad, comprensión y respeto hacia otras personas.
Seguridad emocional y aceptación de sí mismo
La madurez implica una mayor capacidad para tolerar frustraciones, aceptar aspectos propios y regular las reacciones emocionales sin depender completamente de ellas.
Percepción realista
La persona madura intenta percibir el mundo de una manera relativamente realista y desarrollar habilidades adecuadas para afrontar sus tareas y responsabilidades.
Conocimiento de uno mismo
Allport concedió importancia a la capacidad de observarse con cierta objetividad, reconocer fortalezas y limitaciones y mantener una perspectiva sobre uno mismo que incluya autoconocimiento y sentido del humor.
Una filosofía unificadora de la vida
Finalmente, la personalidad madura posee valores, objetivos o principios capaces de aportar cierta coherencia y orientación a la vida.
¿Allport propuso tipos de personalidad?
No desarrolló una tipología principal formada por varios tipos de personalidad cerrados. El núcleo de su teoría está en los rasgos, las disposiciones personales y la organización única del individuo.
Por ello, no es correcto presentar “cardinal, central y secundario” como tres tipos de personas. Son niveles utilizados para describir la importancia de diferentes disposiciones dentro de una personalidad.
Tampoco es adecuado presentar “personalidad madura, neurótica y psicopática” como una clasificación básica de tres tipos propuesta por Allport. Su análisis de la personalidad madura forma parte de su estudio del desarrollo psicológico y no constituye una tipología equivalente a Jung o Myers-Briggs.
El enfoque idiográfico de Allport
Una característica importante de Allport es su interés por comprender al individuo particular.
El enfoque idiográfico estudia la organización específica de características dentro de una persona concreta. Esto contrasta con los enfoques exclusivamente nomotéticos, que buscan dimensiones generales mediante las que comparar a grandes grupos.
Allport no rechazaba completamente la comparación entre personas. De hecho, utilizó conceptos como los rasgos comunes. Sin embargo, consideraba que una teoría de la personalidad quedaba incompleta si perdía de vista la estructura singular de cada individuo.
Allport y el enfoque léxico de los rasgos
Allport también desempeñó un papel histórico importante en el desarrollo del denominado enfoque léxico de la personalidad.
Junto con Henry Odbert, recopiló miles de términos del lenguaje utilizados para describir características personales. Este trabajo se convirtió en uno de los antecedentes históricos de investigaciones posteriores sobre la estructura de los rasgos.
Décadas más tarde, diferentes líneas de investigación léxica y factorial contribuyeron al desarrollo de modelos modernos como los Cinco Grandes.
Allport y los Cinco Grandes
Allport fue un antecedente importante de la tradición de investigación sobre rasgos, pero su teoría no es el modelo de los Cinco Grandes.
Los Cinco Grandes describen la personalidad mediante cinco dimensiones generales que permiten comparar sistemáticamente a muchas personas.
Allport concedía más importancia a la organización única de los rasgos dentro de cada individuo y a las disposiciones personales.
Por tanto, existe una continuidad histórica entre ambos enfoques, especialmente a través de la tradición léxica, pero no deben presentarse como si fueran la misma teoría.
Allport y Cattell
Raymond Cattell continuó el estudio de los rasgos utilizando de manera intensiva técnicas estadísticas como el análisis factorial.
Cattell buscó identificar una estructura general de dimensiones de personalidad y desarrolló su modelo de 16 factores.
Allport, en cambio, fue más cauteloso ante la idea de reducir completamente la individualidad a una estructura común de factores. Su interés se mantuvo especialmente centrado en cómo se organiza la personalidad de cada individuo concreto.
Allport y Eysenck
La teoría de Eysenck representa otra tradición dimensional.
Eysenck intentó explicar gran parte de las diferencias individuales mediante un número reducido de grandes dimensiones —psicoticismo, extraversión y neuroticismo— y buscó relacionarlas con mecanismos biológicos.
Allport no intentó reducir toda la personalidad a tres grandes dimensiones y puso un énfasis mucho mayor en la singularidad y en la organización personal de los rasgos.
Ejemplo de la teoría de Allport
Imaginemos a una persona descrita habitualmente como responsable, cordial, curiosa, perseverante y reservada.
Estas características podrían funcionar como rasgos centrales, ya que describen tendencias relativamente importantes de su personalidad.
Además, podría mostrar una fuerte preferencia por determinado estilo musical o ponerse especialmente nerviosa al hablar ante grandes grupos. Estas tendencias más específicas podrían considerarse secundarias.
Si toda su vida estuviera organizada de manera extraordinaria alrededor de una única causa o propósito dominante, esa disposición podría aproximarse a lo que Allport denominó un rasgo cardinal.
Sin embargo, comprender completamente a esa persona exigiría analizar cómo todas esas características, motivos, valores y metas se relacionan dentro de su estructura individual.
Aportes de Gordon Allport a la psicología
- Contribuyó a establecer la psicología de la personalidad como campo científico.
- Concedió un papel central a los rasgos y disposiciones personales.
- Distinguió entre rasgos cardinales, centrales y secundarios.
- Diferenció rasgos comunes y disposiciones personales.
- Defendió la importancia del estudio idiográfico de la individualidad.
- Desarrolló el concepto de proprium.
- Propuso la autonomía funcional de los motivos.
- Describió criterios de personalidad psicológicamente madura.
- Su trabajo léxico con Henry Odbert constituyó un antecedente importante de investigaciones posteriores sobre rasgos.
Críticas y limitaciones de la teoría de Allport
La teoría de Allport fue muy influyente, pero también presenta algunas limitaciones.
- Su fuerte énfasis en la individualidad dificulta en algunos casos la construcción de modelos generales sencillos que permitan comparar grandes grupos.
- Algunos conceptos, como la autonomía funcional, son difíciles de operacionalizar y medir con precisión.
- La clasificación entre disposiciones cardinales, centrales y secundarias no establece límites cuantitativos rígidos entre categorías.
- Modelos posteriores utilizaron métodos estadísticos más sistemáticos para identificar estructuras generales de rasgos.
- Describir un rasgo no explica por sí solo todas las causas psicológicas, biológicas o sociales que producen una conducta.
A pesar de estas limitaciones, Allport desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de las teorías modernas de rasgos y en la consolidación científica del estudio de la personalidad.
Resumen de la teoría de Allport
- La teoría de la personalidad de Allport se centra en los rasgos y disposiciones personales.
- Cada persona posee una organización de características psicológicas particular.
- Allport distinguió rasgos comunes y disposiciones personales.
- Las disposiciones pueden describirse como cardinales, centrales o secundarias según su importancia.
- Cardinal, central y secundario no son tres tipos de personalidad.
- El proprium se relaciona con los aspectos de la experiencia que una persona percibe como propios y centrales para su identidad.
- La autonomía funcional explica que una motivación actual puede independizarse de la causa que originó inicialmente una conducta.
- Allport describió criterios de personalidad madura, pero no una tipología principal de personalidades madura, neurótica y psicopática.
- Su trabajo influyó en el posterior desarrollo de la psicología de los rasgos.
Para comparar la propuesta de Allport con otras perspectivas, consulta nuestra guía sobre teorías de la personalidad.
Fuentes y referencias
- Allport, G. W. (1937). Personality: A Psychological Interpretation.
- Allport, G. W., & Odbert, H. S. (1936). Trait-names: A psycho-lexical study. Psychological Monographs.
- Allport, G. W. (1955). Becoming: Basic Considerations for a Psychology of Personality.
- Allport, G. W. (1961). Pattern and Growth in Personality.
